Después de un intenso tentadero en el que el torero disfrutó al máximo, le quedaba un largo camino a casa para reponer fuerzas y a la mañana siguiente ir a Salamanca, donde lo esperaban en la ganadería de Barcial.
Allí lo esperaban dos becerras de diferente edad y calidad. La primera era una cinqueña brava, pero que tenía sus cositas, debido a la edad. Eso no le importó a Luis Miguel Vázquez pues iba dispuesto a todo. Ya que a un torero le deben servir todas las vacas, y Vázquez es de esa opinión. Con ella estuvo firme, entregado y mostrando quien era el que mandaba.
La segunda vaca tenía siete años, era más reservona, lo que traducido a términos taurinos es que estuvo probando al torero en todo momento, pero eso no amedrantó a Luis Miguel que al final consiguió meterla en su canasto.
Otro día de tienta que sale satisfecho por como se encuentra delante de la cara de los animales.
08/04/11
De Córdoba a Salamanca, a la ganadería de Barcial
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